Petricor, el aroma a tierra mojada

Acaba una verdadera cuarentena de sequía en muchas zonas de nuestro país. Tras el mes de mayo, extremadamente seco y caluroso, según los datos de la AEMET, ha llegado un periodo más agradable. Cielos más nublados y menos calor, y sobre todo unas protagonistas para los próximos días: las tormentas.

De sobra sabéis ya mi pasión por ellas, y cómo hace ya más de 14 años unos cuantos meteolocos montamos la primera página de kazatormentas en España, Tiempo Severo. Desgraciadamente es un proyecto que está abandonado en espera de tiempos mejores… Pero la pasión por las tormentas aún me corre por dentro. Evidentemente hay efectos muy poco deseables cuando se produce una tormenta, sobre todo cuando va acompañada de granizo. Muchas cosechas quedan arruinadas, y otra de mis pasiones, el mundo del vino, se resiente a veces de forma muy grave.

Pero hoy os vengo a hablar de otro efecto que producen las tormentas y que podemos disfrutar tras este periodo de temperie más seca. Ese inconfundible aroma a tierra mojada que inunda el aire antes, durante y tras la lluvia. Y del que tanto se habló ayer en twitter gracias al tuit de Carme Chaparro, la periodista de informativos Tele5.

El olor a tierra mojada se llama petricor (o petrichor) y proviene del griego petros, ‘piedra’, e ikhôr, ‘componente etéreo’. En la wikipedia leemos que en la mitología griega se dice que el ikhôr es la esencia que corre por las venas de los dioses en lugar de sangre. Este inconfundible aroma no proviene del ozono directamente (aunque algo influye), como muchas veces hemos oído, sino de una sustancia química que se llama geosmina. La geosmina está producida por una bacteria absolutamente inofensiva, que se llama bacteria de Albert (el nombre técnico es Streptomyces coelicolor). También pueden producir esta bacteria algunos hongos. Estos organismos reaccionan así ante la humedad de los suelos en donde viven. Y no sólo cuando llueve, sino cuando se riega un jardín, o unas macetas, por ejemplo.

Determinadas plantas también contribuyen a este fantástico aroma. Durante los periodos secos van dejando caer sobre las superficies cercanas sustancias aceitosas, que son volatilizadas cuando llega la lluvia. De esta forma los aromas se desprenden y contribuyen a formar el petricor.

La importancia de las bacterias antes mencionadas es más de la que imaginamos, y traspasa la puramente sensorial del maravilloso aroma. Es la fuente principal de muchos antibióticos. Por otro lado, la geosmina -en realidad un alcohol- es un verdadero enemigo de los catadores de vino, ya que su característico aroma, tan maravilloso en una calurosa tarde de verano, enmascara las características de un buen vino, aportando un toque de humedad indeseado.

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